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¿Por qué soy ginecólogo?

Es una pregunta que me hacen frecuentemente. Es lógico pensar, ¿por qué un hombre querría dedicarse a la salud de la mujer? La respuesta no es nada sencilla pero la intentaré resolver en unas pocas líneas.


A lo largo de la carrera de medicina pude darme cuenta de la inmensa cantidad de disparidades de género en salud en nuestro país. Estoy convencido de que nadie sabe más acerca de la salud de la mujer que la mujer misma. Sin embargo, el ser ginecólogo me ha brindado la oportunidad de ser la herramienta mediante la cual mis pacientes se empoderan y toman control de su salud.

Para mí la ginecología y obstetricia es la máxima especialidad que abarca todo de principio a fin. Es una especialidad médico-quirúrgica la cual no escatima en casos interesantes y cirugías desafiantes. Dentro del quirófano la variedad de operaciones, abarcan un rango tan amplio como el de su complejidad. En la consulta llegas a formar relaciones médico-paciente duraderas. Algunos días vemos a mujeres embarazadas, otros a adolescentes, otros a abuelas. Cada paciente es algo nuevo y diferente. Las relaciones que establecemos con estas personas son inestimables y muy especiales para mí. Muchas pacientes me confían sus secretos, sus miedos y sus celebraciones.  Por ejemplo, un día puedes brindarle asesoría a una mujer que presenta un quiste ovárico, posteriormente verla en cada uno de sus embarazos y posiblemente después regrese en la menopausia incluso con sus hijas.

El ginecólogo que más admiro en mi vida, también es mi papá. Tuve la ventaja de estar en contacto con la especialidad de salud a la mujer desde que tengo memoria. Desde ver a pacientes de mi papá que me reconocían y exclamaban felices a sus hijos “mira, el papá de Fran te ayudó a nacer!”. Hasta el momento en prepa que lo acompañé a mi primera cesárea, siempre admiré el trabajo que hacía.

Siempre es más fácil estudiar algo que te gusta. Al frecuentemente leer de obstetricia, comencé a mejorar mi desempeño en estos temas, generando así un círculo virtuoso (estudio porque me gusta y me gusta porque estudio).

Como doctor siempre es satisfactorio tener pacientes felices y agradecidos. Presenciar la formación y el nacimiento de una nueva vida; y ver la alegría en los rostros de los nuevos padres es algo que no cambiaría por nada. Aún cuando la mayoría de las pacientes son sanas, esto no significa que sus casos carezcan de complejidad: tener que equilibrar las necesidades y los efectos del tratamiento en la mujer y su bebé es un desafío y es muy emocionante cuando funciona.

En México, en muchas ocasiones el ginecólogo funge como médico de primer contacto. Al ver todo tipo de condiciones en todos los grupos etarios, refieres pacientes al pediatra, al genetista, al endocrino, etc. A través de mi formación profesional he tenido la oportunidad de conocer a médicos en diversas áreas. Confío tanto en su preparación y calidad de atención, que para mí es muy satisfactorio acercarlos a pacientes y acercar a las pacientes a ellos.

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Hay demasiado que hacer en México por la salud de la mujer. Casi todos los hospitales públicos dedicados a la ginecobstetricia están sobrecargados de trabajo y existe muchísima violencia de género. El sector privado no está exento de las desigualdades estructurales en el sistema sanitario. Elegí ginecología para estar cerca de las mujeres y contribuir a su salud.